Red de información  nº 5

 15 de mayo, 2004

Celebración de la fusión
de la Société de Jésus Christ con la Compañía de María N.S.
Lyon, 24 de Abril de 2004
 
 
¡En la ciudad de Lyon y muy cerca de Notre Dame de Fourvière, hoy, 24 de Abril de 2004, se han levantado, en la Compañía de María, nuevas Casas de Nuestra Señora!
 
 
Por diferentes rutas y caminos, desde la Compañía Universal fuimos llegando a la Colina de Fourviére. Calles estrechas y empinadas, vueltas y revueltas, que conducían a un final: ¡la Comunidad de Fourvière!, y en ella, muchas hermanas esperándonos con los brazos abiertos y con palabras de encuentro, acogida y bienvenida.

 

 

En nuestros cuartos encontramos una imagen de Notre Dame de Fourvière con estas palabras:

 

«  Béni sois-tu, Seigneur,

 pour nous avoir conduites sur un chemin d’alliance,

d’effacement et de renaissance, avec Jésus,

en compagnie de Marie Notre Dame »

 

 

Son buenas palabras para iniciar esta breve crónica porque expresan el sentimiento de la Compañía universal:“Te bendecimos, Señor, por habernos conducido por un camino de alianza, de desaparición y de nuevo nacimiento con Jesús, en compañía de María Nuestra Señora”.

 
El día 24 amaneció soleado; seguro que Dios quería expresar su alegría con un sol luminoso. Por la mañana, visitamos la Catedral y recorrimos pausadamente la ciudad antigua con sus calles y patios típicos. A las 12h, a la hora francesa, comimos en un mirador, pegadas a la Basílica de Fourvière, con un bello panorama: la gran ciudad con sus puentes y sus ríos: La Saône y El Rhône. En mesas redondas, con una conversación agadable y fraterna y con una buena comida, nos fuimos preparando para la gran celebración: a las 16h., en la Rue Sala, en la Institución Chevreul.
 
Las puertas del Colegio estaban abiertas. Otra vez, acogida, abrazos, saludos en diferentes lenguas, caras alegres y palabras de felicidad compartida. Nos fuimos situando en la Iglesia... y poco a poco se fue haciendo el silencio. 

El canto de entrada centró nuestra celebración: “Jesús, un hombre de corazón de fuego”, un hombre bajo el Espíritu, un hombre de corazón de carne, para la gloria de Dios y la salvación del mundo”

Marie Chantal Duvault y Beatriz Acosta nos recordaron la historia del proceso y centraron la celebración. Un padre Jesuita dio lectura a un extracto del decreto de fusión y el señor Cardenal de Lyon abrió la celebración subrayando el misterio profundo de lo que estábamos celebrando y la necesidad de dar gracias.

Quiso ser, y así fue, una celebración familiar e íntima, pero católica y universal: la Compañía de María, extendida por muchos rincones de nuestra tierra estuvo presente. Éramos una asamblea de unas cien personas, entre ellas un grupo pequeño de laicos/as colaboradores y tres jesuitas amigos.
La liturgia del día iluminó el sentido profundo de la celebración: La Resurrección de Jesús certifica nuestra fe y nos lanza a la misión: ¡Es el Señor!. Pedro reconoce su pequeñez, recupera su primer amor y se hace fecunda la pesca. ¡Te amo!, ¡tú sabes que te quiero!. En Pedro nos sentimos expresadas y comprometidas de nuevo en nuestro seguimiento.

Delante del altar estaba colocado un recipiente grande con muchas velas que hacían presente a la Compañía universal y a sus muchas provincias y comunidades; faltaba una: Francia-Este. Marie Chantal entregó a Beatriz un cirio, y en él estaban contenidas las vidas de las casi cien religiosas de la Sociéte. ¡Ya estábamos todas!. Las velas, juntas y encendidas, nos animaron a cantar: « Prends, Seigneur et recois toute ma liberté, ma mémoire, mon intelligence et toute ma volonté,…, donne-moi ton amour et ta grâce : cela me suffit »

En la comunión, nuestras voces se unieron renovando los votos en un mismo compromiso de fidelidad: ¡Somos Compañía de María, somos Hijas de Nuestra Señora; ya somos hermanas!

Aún faltaba algo importante: la entrega de las Constituciones, manera propia de vivir el Evangelio, y la cruz, nuestra cruz gloriosa como expresión de seguimiento a un Jesús vivo. Religiosas de diferentes países entregaron personalmente estos dos signos, que son apoyo seguro para nuestro camino. El silencio agradecido y la emoción se hicieron canción: “Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame,... Oh, buen Jesús, escúchame y no permitas que me separe de ti...”  

Una pequeña anécdota: también el señor Cardenal recibió las Constituciones y la Cruz, con el compromiso expreso de ser hermanos, compañeros y ayuda mutua en nuestro ser pueblo de Dios, en nuestro ser Iglesia. 

Con el canto del Magnificat renovamos nuestro deseo de llenar nuestro nombre y de hacer el camino de seguimiento como María.  

La mesa, con una rica merienda, volvió a concentrarnos, y los medios modernos de comunicación nos acercaron a Beirut, El Cairo y Yaoundé. Comunidades nuevas, rutas por el desierto, rostros árabes, rostros africanos, costumbres, voces, etc. No nos fue difícil acoger cordialmente a otros grupos de hermanas. 

¿El final? Marie Chantal entrega a Beatriz la imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo, que el Padre Francois Giraud s.j. regaló a Jane Russet y que la acompañó desde los inicios de la fundación de la Société de Jésus Christ. Entrega de diferentes símbolos-ofrendas, de las Provincias de la Compañía, expresión de nuestra larga historia educativa-evangelizadora, y que hoy, 24 de Abril de 2004, comienza a ser historia compartida para todas. Imágenes variadas de la Visitación sellaron nuestro encuentro y abrazo fraterno para SIEMPRE.

Mª Carmen Jáuregui Carro, odn.