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Juana de Lestonnac, desde la gracia recibida, consciente del papel de la mujer en la Historia de la Salvación intuye y da forma a una NUEVA VIDA RELIGIOSA APOSTOLICA. Su espiritualidad es ignaciana: encontrar y servir a Dios en todas las cosas, en disponibilidad creciente como María. Concibe una Compañía universal, dinámica, capaz de dar respuesta a tiempos nuevos y situaciones nuevas, desde un servicio educativo. En 1606, redacta el Abregé, o fórmula del Instituto. Defiende con firmeza la identidad religiosa y peculiaridades de su obra, por fidelidad a la inspiración primera y a la novedad que entonces comportaba. El 10 de diciembre de 1610, las cinco primeras compañeras se comprometen con los votos religiosos. La Compañía de María, ha recorrido, desde entonces, casi cuatro siglos de expansión misionera.
Convocadas y reunidas en su nombre y bajo su protección |
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La llamamos Nuestra Señora de Berceau (cuna). Es su nombre de familia. Si, en francés. Porque era en Burdeos donde Juana de Lestonnac quiso alzar la imagen de Nuestra Señora, como piedra viva del edificio, -Casa de Nuestra Señora- en el espacio privilegiado del templo de la calle de Ha. Era su lugar propio. María en el centro del don que Dios había hecho a su Iglesia, en la Compañía. Para Juana, contemplando a Nuestra Señora, y conservándolo todo, con ella y como ella, en la memoria de su corazón, se habían hecho más luminosas sus intuiciones, más claros y delineados los caminos, que habría de recorrer con otras. Un nombre, María, Nuestra Señora, sería convocatoria y protección "reunidas para honra y bajo el nombre y protección..."; promesa de unidad de vida apostólica en "la búsqueda del Señor en todas las cosas". Un nombre para sentirnos llamadas, hasta llenarlo de la utopía de la Mujer Nueva, "llenad vuestro nombre y la esperanza de esta comunidad". En la imagen, prolongada y blanca, María, desde la altura, baja los ojos y nos sigue con su mirada. Mirarla y dejarnos mirar por ella es un juego de ternura, que traspasa el alma. Sus manos sostienen al Niño, que también busca mirarla, apretando con fuerza, un racimo, - sarmiento y vid- de la tierra bordelesa. Nuestra Señora de Berceau, mujer inculturada, sonrisa acogedora de Madre Virgen, entrelazada al Hijo que sueña en la cosecha, esperamos contigo la promesa del Reino, en el gozo de la fiesta. |
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