La fiesta de hoy nos remite
a uno de los aspectos importantes señalados en el Documento
Capitular 2009: El deseo de “ahondar en la propia
identidad” y el compromiso de “profundizar
en lo que significa María como expresión de la
misma". La celebración de la Presentación
de la niña María en el templo, cada 21 de noviembre,
en la mayor parte de los lugares en los que estamos presentes
como Compañía y a lo largo de cuatro siglos,
ha hecho de esta tradición uno de los símbolos
de nuestra identidad.
Sentimos que esta celebración es una
oportunidad para agradecer la presencia de María en
nuestras vidas y para explicitar aquellos rasgos que nos definen
como su Compañía. Es una llamada a comunicar
lo que nos da sentido, a nivel personal y como Cuerpo, a anunciar
en este mundo nuestro que es posible construir humanidad desde
los valores del evangelio y ser felices entregándonos
a esta tarea.
Sabemos por experiencia que esta opción
de vida sólo es posible desde un corazón humilde
y sencillo, quizá por esto mismo necesitamos mirar a María,
contemplar el misterio de su vida para, a su luz, comprender
el misterio de la nuestra. Y con ella, la humilde esclava,
aprender a saborear lo que nos plenifica para, agradecidas,
aportarlo al mundo.
La fiesta de hoy nos hace sentir la seguridad
de que María es compañera de camino, “caminamos acompañadas” en
el deseo de dejar que sea Dios la pasión que centra
nuestras vidas. Esta certeza nos impulsa a “echar
las redes conjuntamente”: sentir el peso de las
cuerdas y el roce del hombro con hombro, bucear hasta lo más
profundo, atravesar la oscuridad y las sombras que conlleva
cada realidad, también la nuestra, para encontrar las
pequeñas semillas de Reino que es necesario cuidar
a fin de que siga creciendo.